-Ésa es para Gustavo, que odia a la gente que no le gustan los chocolates
-¿En serio los odias, Gustavo? -preguntó
-Pues, no los odio... bueno, la verdad es que... no me gustan, trato de evitarlos - lo dijo con tanta indiferencia, como si fuera cualquier cosa
-¿En pleno siglo XXI? No puedo creerlo - le respondió la maestra
-Dígale algo... algún argumento de los suyos -se oyó decir a alguien
-Pues la verdad es que no sé qué decirte -su cara de sorpresa era auténtica -osea que si yo llegara un día y te dijera que no me gustan los chocolates ¿me tratarías diferente?
-La verdad sí, osea sólo no la vería igual, digamos que me alejaría un poco
-¿Y no te has puesto a pensar que puedes perderte de conocer a gente que que vale mucho la pena sólo por una cosa que es elección de ellos? No todos tienen que tener tu mismo concepto de "bienestar"
-Bueno, es que no sé, osea es muy irreal. Sé que a usted le gustan los chocolates porque lo ha mencionado, así que no le podría decir qué haría, tendría que pasar en serio
En ese momento me dieron ganas de gritar "¡A mí! ¡A mí no me gustan los chocolates! ¿Algún problema?" pero no, soy demasiado cobarde aún.
-Pues cada quien, cada quien... de todas formas se me hace que usted está equivocado Gustavo, no lo voy a obligar a cambiar sus ideas, sólo es un consejo.
"Pregunta resuelta" pensé yo.

es pronto para saberlo. a tu edad yo también creía que no me gustaban. pero hay muchos tipos de chocolates y a veces hay que esperar un tiempo para encontrarles el gusto.
ResponderEliminarbueno, también puede ser que no te gusten, pero siempre hay otras golosinas, al cabo y qué