Hoy fue un día como cualquier otro. 23, 27, en mi mente no estaba presente que era 31, que era el último día del 2008. Me di cuenta de que la emoción, la intriga, todo eso que hacía de esta fecha una especial, habían desaparecido.
Instantes después me puse a buscar el bendito reloj mundial que me había pedido mi papá. A él siempre le ha gustado tener la hora exacta en su reloj y ser el que empieza la cuenta regresiva en la noche. También era de esas. Bueno, la verdad es que soy de esas. Justamente la tarea fue la que me hizo darme cuenta de esa y otras cosas.
En primera lo que ya dije: me gusta tener la hora exacta en mi reloj. Inmediatamente después de que llamé a mi papá, busqué mi reloj de manecillas y lo ajusté. Hice lo mismo con mi celular. Por cierto... mala idea, nunca va a estar a la hora. Total que me terminaré llevando el reloj tradicional y todos serán felices.
En lo que los trataba de poner a tiempo (y créanme, me tomó varios intentos) estuve observando muy cuidadosamente los segundos, pues mi tarea requería de ello. Al principio pasaban como una eternidad. 30, 31, 32... pero después de unos 3 minutos (que se me hicieron como 10) ya no los sentía... hasta pasaban rápido, podría decir.
Por último me di cuenta de que el tiempo es inevitable. Sí ok, eso ya lo sabía... pero hay una diferencia entre saberlo y comprobarlo, aunque suene extraño. Las primeras veces no logré sincronizar el reloj porque apretaba el "botoncito" un segundo más tarde. Un segundo. No segundas oportunidades, porque... el tiempo no te las permite.
Así que ahora me nace decirlo, por algo se empieza: éste es el último post de este año.

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