miércoles, 17 de diciembre de 2008

Los festivales de navidad

Hoy me tocó ir a ver a mi hermana al festival navideño de su escuela (mi ex-escuela). Sinceramente yo sí quería ir, hasta me levanté temprano y toda la cosa. Sabía que (años de experiencia lo confirman) el festival iba a ser puro canto y baile al ritmo de las pistas tipo música de restaurante de las que la maestra de música está muy orgullosa, y que más se iban a emocionar los papás que los niños -quienes por cierto seguramente tendrían cara de "me aprietan las mallas"-. La cosa es que fui sin muchas expectativas, de verdad que mi presencia era sólo como de apoyo a mi querida sis. Sin embargo me encontré con algo mucho más interesante, algo complicado y difícil de explicar, digno de un programa tipo Discovery Channel en el que se analiza el hábitat de determinadas especies. Lo que vi el día de hoy fue a los padres de familia en su hábitat natural: los festivales escolares. Se desencadena una batalla campal y sólo sobrevive el más fuerte. Eso, gente, es el verdadero entretenimiento. 
Desde que uno se aproxima a su zona de combate se puede sentir la tensión. El primer reto: encontrar estacionamiento. Hasta eso que esta especie no tiene mucho problema con esta fase, pero de todos modos de vez en cuando se pueden oír sus rugidos o algún intercambio de gruñidos provocado por la urgencia de encontrar un lugar donde aparcar que esté a menos de 8 cuadras de la escuela. Luego viene lo que puede definir el resto de la lucha: apartar los lugares. Ok, ahí también tiene que ver quién organiza este tipo de eventos. Es decir, ¿cómo se les ocurre meter a toda la escuela en una sola mañana cuando saben que es una escuela criticada por ser PEQUEÑA? Y más aún, ¿quién cree que 200 sillas son suficientes? Luego se quejan de la violencia pero ¿quiénes son la que la provocan?
Bueno, los lugares, claro. Aquí se define el quién contra quién, los depredadores y las presas. Se podría decir que los "machos alfa" son quienes agarran los lugares hasta adelante. La leyenda dice que pasan toda la noche formados esperando a que abran... y algunos son amigos de las dueñas. El resto se divide en dos: los que se quedaron en las filas de atrás y que no ven casi nada, y los que deplano se quedaron parados y verán muy bien pero sus extremidades tendrán problemas más tarde. Estos dos últimos se enfrentarán entre sí pues los "sentados" eventualmente harán algún movimiento indebido que molestará a los "parados" y vualá... tenemos nuestra supervivencia del más fuerte. 
Por otra parte hay una pequeña cantidad de especímenes de cada grupo que no se conformará con su lugar (sea sentado primera fila, simplemente sentado o parado...) y querrá seguir a su hijo/hija en todo momento, tratando de captar cada segundo de su actuación. Ellos son... bueno, la palabra que se me ocurre para nombrarlos es 1) despectiva y 2) ni siquiera existe, así que sólo diré que son aquellos que se mueven por todo el terreno; adelante, atrás, adelante otra vez, hasta en medio del "escenario" -¡por Dios que vi a alguien que hizo eso!- no les importa nada ni nadie, ellos conseguirán lo que todo mundo desea y que pocos alcanzan. Ellos son los peores enemigos de todo mundo, con los que al menos el 60% de los asistentes se hizo de palabras al menos una vez durante el festival. Tampoco tienen vergüenza, o eso aparentan por lo menos, y no les importa quedarse sin amigos en lo que les queda de vida escolar  a sus hijos. 
Puedo decir que para toda esta observación necesité volverme parte de ellos. Literalmente. Me volví uno de ellos. Al principio quedé como "parada" pero mi madre -quien solía ser macho alfa en este territorio- me dijo que me fuera adelante y me volviera... de las que no les importa nada y se ponen abajo de los sentados. Después de hablar con un auténtico ejemplo de este último tipo decidí acompañarla y observar más de cerca su comportamiento. Pasé en el mismo lugar unos 3 números. Luego mi madre -de alguna forma- se pasó adelante y se volvió "sentada". Me fui adelante de ella y  más tarde me crucé hasta el otro lado porque mi hermana estaba ahí. Creo que cumplí con mi objetivo: grabé todos los números de mi hermana, y algunos más. 
Al final oías a los papás diciendo cosas como "estuviste muy bien" o "¡me encantó! fue el mejor, definitivamente" aunque momentos atrás hubieran susurrado cosas como "qué desorganización" o "¡no se oye nada!". Algunos estaban muy contentos, pues habían logrado lo que querían, habían salido victoriosos. Los que no, simplemente lo disimulaban, aquí lo importante también es el orgullo.
Total... fue muy divertido, de verdad, algún día deberían de intentarlo. Y lo mejor es que salí viva de todo esto. 

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