sábado, 14 de febrero de 2009

Viernes 13

Los viernes treces en mi familia son de buena suerte. Supuestamente. 
La historia comienza en los inicios de TV Azteca, cuando era Canal 13, y en donde un día, el jefe de información se fijó en una reportera a la que apodaban "Gaviota" y usaba faldas cortas casi todos los días. Pasó el tiempo y eventualmente la historia llegó a una caja de Aurrera en donde el jefe de información le propuso matrimonio a la reportera de las faldas cortas. Casualmente, unos días antes habían visto la casa perfecta, en un condominio pequeño y lleno de parejas recién casadas. La última casa que quedaba era, naturalmente, la 13-A. Luego se casaron, primero por lo civil, en la casa de mis abuelos -la casa 13 hasta la fecha- y luego por la iglesia, un 26 de Marzo (dividamos entre dos...). 
Es bastante tonto ahora que lo pienso, pero no me van a decir que no es una bonita historia. Pero bueno, el punto es que según mis padres el 13 es el número de la suerte, airgo.. los viernes 13 son lo mejor que puede haber en el año. Y yo les creo.
El único problema es que, al ser la única rara de mi familia parece que estos días tienen un efecto raro en mi vida: o son excelentes días, o son malísimos. Sin embargo, el día de ayer no se en qué categoría pueda caer. Analicemos un poco.
Se celebró el 14 de febrero en mi escuela, y yo cumplí mi promesa de no hacer nada. Vi a las personas que quería ver, no me encontré a la que no me quería encontrar (ahora pienso que me estaba evitando). Compré un Frappuchino, corrí para sacar mis cosas pero llegué a tiempo al camión. Luego rentamos una película y empezamos a buscar fiestas. Patético lo sé. Más patético fue que todo iba bien, nuestra suerte había sido la mejor, hasta que las estúpidas compañías de teléfono entraron y nos impidieron comunicarnos con el anfitrión de la fiesta. No llegamos porque nos faltó un número. Regresamos a la casa y comí pizza, me recogieron y me fui a dormir.
Supongo que hoy el viernes 13 no hizo efecto, ni para bien ni para mal. Quería que fuera un día como cualquier otro, parece ser que por fin me están dando lo que quiero. 

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